La globalización entre otras cosas, ha servido para hacer más visible las desigualdades entre los seres humanos.
Una minoría, los denominados "ricos" poseen más del 90% de la riqueza, mientras que el resto subsistimos como podemos.
Esa élite a la que nos referimos, sueña con vivir al margen de la sociedad, del estado, etc... por eso algunos de estos personajes adquieren islas, para escapar, y crear su propio mundo, libre de todo control gubernamental.
Los propósitos de esa minoría los debemos de tomar en serio ya que funcionan como metáforas de la auto-separación y secesión de los ricos.
Las sociedades se están volviendo muy desiguales y con mayores barreras, esas minorías se están separando del resto por los ingresos, riqueza, educación, ocupación, residencia, orientación política y estilos de vida, y por los museos, cabría decir.
El autor del artículo nos habla por un lado de las desigualdades generadas por la globalización en el mundo, y a su vez nos dice que esas desigualdades han dado lugar al mismo tiempo a una separación en el arte contemporáneo, poniendo como ejemplo los museos de ámbito público y los creados por fundaciones privadas.
Nos viene a decir que los museos modernos, El Louvre, El Prado o La National Gallery de Londres se fundaron sobre la base de un ideal ilustrado: "el valor universal del arte". Que quiere decir, que todos tenemos derecho a admirar las obras de arte, que no puede ser exclusivo para unos pocos.
La preocupación de los responsables de estos museos estriba entre otras cosas en mejorar el número de visitantes, manteniendo o mejorando la calidad de lo que ofrecen.
Por otro lado han aparecido los llamados "museos de arte contemporáneo", que son un conjunto de instituciones (en muchos casos privadas) que tienen poco público y dicen ocuparse sobre todo de la experiencia artística en sí.
Habla de la separación de los dos tipos de museos, que forma parte de una escisión más amplia que concierne al mercado y que ha dado lugar a una categoría separada del mismo, con sus propias ferias, y sus secciones especializadas en las subastas.
El historiador del arte Tomàs Llorens apunta en su escrito que esas dos separaciones, la de los museos y la del mercado de arte contemporáneo están relacionadas.
¿Cómo se ha llegado a esa situación?
Todo apunta a que fue en Nueva York en la década de los setenta cuando surgió esa ruptura como una rebelión contra el Pop Art.
Los artistas críticos que lo protagonizan, reclamaban el derecho de hacer un arte radicalmente indiferente u hostil a las expectativas del público.
Pero de esa tendencia aparecen las galerías y lo ven como un filón para vender ese arte contemporáneo a unos pocos que pueden permitírselo.
De aquí sale esa reflexión que hace Dorothea Brooke en la novela Middlemarch: proponer como goce artístico precisamente la conciencia de que la mayor parte de la gente está excluida de ese goce.








